La educación jurídica atraviesa uno de los momentos más dinámicos y desafiantes de su historia. En 2026, nos encontramos en la encrucijada entre tradiciones centenarias y necesidades emergentes que exigen una reconceptualización profunda de cómo formamos a los abogados del futuro. Las transformaciones tecnológicas, sociales y económicas que caracterizan nuestra época no solo demandan nuevos conocimientos, sino también nuevas competencias, metodologías y enfoques pedagógicos que preparen a los profesionales del derecho para enfrentar realidades cada vez más complejas e interconectadas.